Good Contents Are Everywhere, But Here, We Deliver The Best of The Best.Please Hold on!
Your address will show here +01 (414) 230 - 5550

Consiste en la aplicación de un estímulo a la contratación por parte de los emprendedores, así como el incentivo a la formalización de contratos a tiempo indefinido y por escrito, mediante bonificaciones en la cuota empresarial de la Seguridad Social siguientes:
Bonificación de la cuota empresarial de la Seguridad Social para jóvenes de entre 16 y 30 años durante 3 años, de 83,33 € al mes, el primer año, de 91,67 € al mes, el segundo año y de 100 € al mes, el tercer año. Se producirá un incremento en las bonificación en 8,33 € al mes, cuando los contratos se realicen con mujeres en los colectivos en los que las mujeres tengan menor representación, se incrementará la bonificación en 8,33 € al mes. En el caso de los mayores de 45 años, la bonificación en la cuota empresarial de la Seguridad Social será de 108,33 € al mes durante 3 años, añadiéndose esta bonificación en 125 € al mes, si se contrata a mujeres que tengan menor representación ocupacional en este colectivo.
Este tipo de deducciones sólo las podrán aplicar aquellas empresas, que en el momento de llevarse a cabo dicha contratación, cuente con menos de 50 trabajadores.
La deducción en la cuota íntegra será de 3.000 € cuando el primer trabajador contratado por la empresa tenga menos de 30 años.
Para el caso de la contratación de desempleados que se encuentren cobrando la prestación por desempleo, la empresa podrá aplicarse una deducción del 50 % de la cuota íntegra por la prestación por desempleo pendiente que aún no haya recibido el trabajador, con el límite de 12 meses, en el momento de la contratación, siempre que el trabajador haya percibido prestaciones durante 3 meses, hasta ese momento de la contratación, debiendo aportar un certificado del Servicio Público de Empleo Estatal en el que se especifique el importe de prestación pendiente de recibir.
En el caso de contratos a tiempo parcial, las deducciones se determinarán proporcionalmente a la jornada de trabajo establecida en el contrato.
Estas deducciones se podrán llevar a cabo una vez finalizado el periodo de prueba de 1 año, siempre con la condición de que se mantenga el contrato laboral que da derecho a las mencionadas deducciones durante 3 años. Debiendo reintegrarse las deducciones realizadas cuando se incumpla esta obligación de mantenimiento del puesto de trabajo durante 3 años, excepto cuando se produzcan despido por causa objetiva o disciplinario, despido procedente, dimisión, muerte, jubilación o incapacidad permanente total, absoluta o gran invalidez.

contrato-trabajo-plazo-firma-aptitus

0

La ley define al trabajador autónomo como “las personas físicas que realicen de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona, una actividad económica o profesional a título lucrativo, den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena. Esta actividad autónoma o por cuenta propia podrá realizarse a tiempo completo o a tiempo parcial”.

El texto lo deja bien claro, el autónomo realiza su trabajo de forma habitual, por cuenta propia, dentro de su propia organización y con sus propios medios, es decir, el autónomo es una empresa que asume sus propios riesgos. No obtiene ingresos fijos, sino que son directamente fruto de unos trabajos realizados y de una facturación. La relación entre el autónomo y sus clientes no se rige por un contrato de trabajo, sino por un contrato mercantil (en caso de tenerlo, ya que no es obligatorio).

La ley define el trabajador por cuenta ajena (con la obligación de estar en Régimen General), de la siguiente forma: “los trabajadores que voluntariamente presten sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario”. 

El trabajador por cuenta ajena percibe un salario estable cada mes por la prestación de sus servicios, el cuál no depende directamente de la facturación o los trabajos realizados. Sus trabajos son dirigidos por el empresario, en el horario que éste establezca, utilizando los medios que éste le proporciona. Los beneficios directos serán por tanto para el empleador, que será responsable de abonar el salario correspondiente, y los riesgos también los asumirá él, en ningún caso el trabajador.

¿Qué está pasando en la actualidad?

Algunas empresas están haciendo contratos mercantiles a trabajadores que en realidad tendrían que tener un contrato de trabajo en Régimen General, ya que son empleados que están trabajando con los medios de la empresa, con unos horarios establecidos y con un salario estable. Los falsos autónomos tienen todas las obligaciones de un trabajador por cuenta ajena, pero ninguno de sus derechos. Es decir, el falso autónomo es el responsable de abonar su propia cotización a la Seguridad Social, pero sin embargo no es el dueño de su propia producción. No organiza sus propias vacaciones (en la mayoría de casos no retribuidas), no elige sus horarios y tiene que dar explicaciones al empresario como si estuviera en relación de dependencia.

Para que un contrato mercantil sea realmente mercantil, la relación entre la empresa y el autónomo (ambos empresarios), debería ser simplemente una factura por la prestación de unos servicios, sin más explicaciones, sin establecer ningún horario y sin utilizar ningún medio de producción en común. Aunque el autónomo tenga un sólo cliente, es plenamente libre de realizar su trabajo en el horario que él mismo establezca, los días que él mismo se organice y con sus propios medios.

El falso autónomo no tendrá derecho a prestación por desempleo ni a vacaciones retribuidas, ni se regirá por ningún convenio colectivo, no tendrá nómina no podrá exigir ningún derecho. Sin embargo, será el responsable de pagar sus propios impuestos, y la cotización a la Seguridad Social. Es un fraude al Estado, ya que ni se cotiza como se debería ni se pagan los impuestos correspondientes a la relación laboral existente.

Para ver la diferencia que existe realmente entre un falso autónomo y lo que realmente es legal que sea autónomo, es un buen ejemplo el caso de un comercial.

-Comercial autónomo: Es el que tiene su propio medio de transporte, se organiza su propia agenda, vende un sólo producto (si le sale rentable), o vende varios de varias empresas. Una vez realizado el trabajo, con contrato mercantil o sin él, factura sus servicios a las empresas para las que vende el producto, pero éstas no pueden organizar su trabajo ni exigirle objetivos o resultados. Aquí entraría la figura del autónomo TRADE, cuando el 75% de sus ingresos los perciba de un sólo cliente. Pagará sus propios impuestos y su cotización a la Seguridad Social.

-Comercial por cuenta ajena: Es aquel trabajador que tiene que estar en Régimen General y que a menudo se establece como un falso autónomo. Es aquél al que la empresa le proporciona el medio de transporte o al menos corre con los gastos que el transporte le genere, establece los productos que éste debe vender y podrá exigirle la exclusividad de sus productos y objetivos. El contrato es un contrato de trabajo que establece una relación de dependencia, se rige por un convenio colectivo y tendrá todos los derechos y obligaciones que éste establezca. La empresa será la responsable de ingresar las retenciones de IRPF de sus nóminas en Hacienda y de abonar la cotización correspondiente a la Seguridad Social.

La figura del falso autónomo está penalizada en España. Si la inspección de trabajo la descubre, está considerada como  una infracción grave y por tanto, la relación laboral se declarará en fraude de ley. El empresario tendrá que dar el alta al falso autónomo en Régimen General, posiblemente con carácter retroactivo, teniendo que abonar todas las cotizaciones que se dejaron de pagar a Seguridad Social, más los recargos. Por último, la sanción por cometer esta infracción, está entre 300,52 € y 3.005,6 €.

londres

0